
Un vagón, una bicicleta y 60 minutos para olvidarte de todo
Por: Edmaris Carazo
Hay lugares a los que uno llega buscando ejercicio y termina encontrando mucho más. Eso me pasó en Fit Mind Studio, un pequeño estudio de indoor cycling en Mayagüez donde, por 45 o 60 minutos, un grupo de mujeres deja afuera las responsabilidades, las citas médicas, las peleas de la mañana, la lista de compras y todo eso que nos espera cuando volvamos a abrir la puerta.
He hecho spinning de manera intermitente durante los últimos 20 años. He pedaleado con mayor y menor intensidad, en estudios, gimnasios y hasta frente al mar. Pero nunca había hecho indoor cycling dentro de un vagón.
Sí. Un vagón.
Todo comenzó cuando una mamá de la escuela invitó a varias de nosotras a celebrar sus 40 años de una manera bastante inusual: sudando, pedaleando y celebrando en un estudio de spinning que queda a unos cuatro minutos de la escuela.
En aquel momento, Fit Mind Studio solamente ofrecía clases en las tardes, así que la idea de comenzar una celebración de cumpleaños encima de una bicicleta estacionaria ya era, como mínimo, peculiar.
Pero llegamos.
Y allí estaban los dos vagones, uno al lado del otro. A la izquierda, la oficina de psicología. A la derecha, el estudio de spinning.
Match made in heaven.
El vagón que funciona como oficina, además de tener su sala de espera, cuenta con su propio baño y ducha. El otro es donde ocurre la magia, aunque “magia” quizá no sea la palabra que usaría durante los primeros minutos de una clase en la que ya estás sudando y preguntándote por qué aceptaste esto.

No voy a mentir: me la pasé mucho mejor de lo que imaginaba.
Y eso que, de entrada, la idea de sudar frente a todas estas mujeres fabulosas no me parecía particularmente atractiva. Porque vamos a hablar claro: hay mujeres allí con unos sets de ropa deportiva mucho más espectaculares que la ropa que uso cuando me emperifollo, todas se ven increíbles y en su gran mayoría están muchísimo más fit que yo.
Pero cuando se apagan las luces, pasa algo.
De repente, ya no hay demasiado tiempo para mirar a nadie.
Solo están la música, las bicicletas, las luces del techo, el neon de las pulseras que llevábamos aquella mañana y la voz de Francheska Méndez Rivera marcando el ritmo.
De las tardes a las 8 de la mañana
Después de aquella primera experiencia pasaron varios meses.
Y entre una conversación y otra, logramos convencer a Francheska de que nosotras necesitábamos clases temprano.
Porque aparentemente las mujeres adultas no tenemos suficiente con levantarnos, preparar desayunos, llevar niños a la escuela, atender responsabilidades y tratar de llegar a tiempo a nuestros trabajos y nuestras vidas.
Queríamos pedalear antes de comenzar todo eso.
Así nacieron las clases de las 8:00 a.m. de los lunes y jueves.
Una hora para sudar antes de encaminarnos hacia el otro doble turno de nuestras respectivas vidas.
Desde entonces, se han seguido sumando mujeres.
Amas de casa, abogadas, profesoras universitarias, doctoras, emprendedoras. Mujeres de distintas edades, profesiones, cuerpos, personalidades y circunstancias.
Y eso es precisamente parte de lo bonito.
No hace falta que todas seamos iguales para compartir una bicicleta.
¿Qué música se escucha en una clase de indoor cycling?
La respuesta corta es: cualquier cosa que nos haga pedalear.
Puede aparecer reguetón de los 90, de los 2000 o de ahora. Puede sonar Taylor Swift o Karol G. Hay días en que sentimos que estamos en una discoteca hace 10 o 20 años y otros en que la clase parece una especie de travesía colectiva hacia el futuro.
A veces vamos cuesta arriba. Otras, cuesta abajo. Y cuando Francheska le pone resistencia a la bicicleta, nos convencemos de que estamos pedaleando por alguna carretera de Orocovis, Moca o Naranjito, tratando de seguir el ritmo de la música aunque las piernas ya estén negociando por nosotras.
No sé si técnicamente estamos simulando una ruta real.
Pero en nuestras cabezas, definitivamente estamos viajando.
La mujer detrás de la bicicleta
Al frente está Francheska.
Psicóloga y entrenadora certificada, lleva más de 10 años trabajando en el mundo del bienestar y el movimiento. Pero describirla solamente como instructora de indoor cycling sería quedarse corta.
Durante una clase puede ser cheerleader, cantante, DJ, coreógrafa, motivadora personal y, en algún momento, hasta sargento de ejercicio.
Y no puede evitarlo: también es nuestra psicóloga.
Francheska creó Fit Mind Studio con una idea que va mucho más allá de hacer ejercicio. Su visión es convertir el movimiento en una experiencia que también permita trabajar con la mente, desconectarse y sentirse acompañada.

Eso se siente cuando estás allí.
Porque sí, estás haciendo ejercicio. Estás fortaleciendo piernas y glúteos. Estás sudando. Probablemente estás quemando unas cuantas calorías.
Pero también estás haciendo una pausa.
Una hora para no pensar en todo lo demás
Durante esos 45 o 60 minutos, nos olvidamos de las tareas pendientes.
De las citas médicas.
De las discusiones de la mañana.
De la lista de compras.
Del correo que todavía no hemos contestado.
De lo que nos espera cuando salgamos.
Nos reímos juntas.
Agradecemos juntas.
A veces somos amigas. A veces apenas nos conocemos.
Quizás nos saludamos en el drop-off de la escuela. Quizás nunca hemos cruzado una palabra fuera de ese vagón.
Pero durante ese ratito somos todas mujeres intentando llegar a algún sitio.
A la relajación.
A la salud.
A la paz.
Al perdón.
A la ilusión.
A la alegría.
A las endorfinas.
A la plenitud.
Cada una está pedaleando hacia algo diferente.
Y, por unos minutos, lo hacemos juntas.
Fit Mind Studio: indoor cycling con otro ritmo
Fit Mind Studio está ubicado en Barrio Miradero, en Mayagüez, y ofrece sesiones de indoor cycling de 60 minutos. Actualmente, las clases de las mañanas se ofrecen los lunes y jueves a las 8:00 a.m., además de sus clases regulares.
La sesión tiene un costo de $12 y puedes reservar tu bicicleta a través de su página web.
Pero si me preguntan qué es Fit Mind Studio, probablemente no empezaría hablando del precio, del horario ni de las bicicletas.
Diría que es un lugar que comenzó con el sueño de una mujer y terminó convirtiéndose en un espacio donde otras mujeres encontraron el suyo.
Gracias, Francheska, por soñar bonito y compartirlo con todas nosotras.
Porque a veces no necesitamos cambiar nuestra vida completa.
A veces solo necesitamos apagar las luces, subir la música, sentarnos en una bicicleta y pedalear durante una hora.
Y quizás, sin darnos cuenta, ya estamos llegando a algún lugar.
Auspiciado

